
El estudio de Telefé desde donde se emite Hiperconectados , todos los sábados pasada la medianoche, es el equivalente de lo que sería un almacén de dulces para un goloso, pero en este caso para los fanáticos de la tecnología, los cómics, las películas de ciencia ficción, los juegos electrónicos y todo el mundo retro asociado a ese particular universo.
“Un gran atractivo del programa pasa por las cosas que forman parte de la escenografía. Son una suerte de fetiche para los que nos miran y es un hecho recurrente que nos pregunten sobre los elementos que hay en el decorado”, advierte el conductor del ciclo Guillermo Catalano, Fierita, para ser más claros.
“Se arma una especie de juego con el público de descubrir lo que hay en el estudio. Por ahí ven algo que les llama la atención y nos comentan vía Twitter o Facebook sobre la historia de ese objeto y cosas por el estilo”, agrega Tomás Balmaceda, uno de los colaboradores de Fierita en la conducción, al que en el ambiente de los usuarios de Twitter se lo conoce como Capitán Intriga, por el nombre que adoptó en la red social de los 140 caracteres.
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El recorrido del 79 dentro de capital resulta ser el más corto hasta ahora de Colectivaizeishon, un viaje de unos quince minutos entre Constitución y Puente Victorino de la Plaza. El colectivo pasa por la algo ruinosa calle Australia de Barracas, y pienso en qué pensarían los australianos frente a semejante homenaje callejero a su país. Se me ocurre una idea de libro donde algún argentino recorre todas las calles del mundo que tengan el nombre Argentina, a ver qué tal están y armar un ranking. La Avenida Argentina en la ciudad misma de Buenos Aires apenas refleja la gloria de la nación, así que temo por las de otras ciudades.
Oceanía está representada en las calles porteñas por Australia y Nueva Zelanda (una calle de menos de una cuadra en Chacarita). La ciudad hace caso omiso a todas esas islitas de Oceanía, igual que hace el resto del mundo, menos Hawái, un pasaje de Villa Devoto y, aparentemente, parte de Oceanía. Las únicas dos calles porteñas con nombre de país africano son Túnez y Argelia. Lamentablemente, para los fumadores de la ciudad por lo menos, no existe aún la calle Burkina Faso.
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Ellas se animaron a tomar al deporte como una excusa para desarrollar la amistad, como una forma de recuperar las raíces de lo lúdico.
El resultado de esta particular alquimia, amalgamada por sus historias de vida, dio como resultado el título anual 2011; un trofeo que -como el del campeonato Clausura- también da cuentas de un camino de crecimientos personales.
“El vóley es una excusa para divertirnos”, asegura Cecilia Romano. La jugadora, de mayor edad del plantel, no oculta que es una verdadera apasionada por el voley.
En su casa este deporte es un tema de conversación habitual y su hija Paula Bertona -heredera de una gran tradición de familia- es multicampeona en la Primera del Club Mendoza de Regatas.
“Nos divertimos y eso es lo que transmite el equipo dentro y fuera de la cancha”, cuenta la profesora de educación física y responsable de una escuela de vóley en Rodeo de la Cruz.
“Como todas, tengo problemas con los horarios, pero trato de organizarme para estar y no fallarle a mi equipo. Soy una persona tranquila y creo que eso es lo que puedo aportar al grupo”, finaliza la central de 50 años,
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